Pocas veces la lluvia fue tan añorada en Galicia como ahora. Su llegada culminará el trabajo de miles de personas, profesionales, voluntarios, y voluntarios forzosos: aquellos que vieron como el fuego cercaba su casa y su tierra.

No es el fin de esta particular guerra, sino tan sólo una tregua, un “alto el fuego” tras la más dura batalla de todas las acontecidas. Pero puede que sea el momento de parase a echar las primeras cuentas, y que lo impulsivo deje paso a lo sensato.

Se habla ya de indemnizaciones y ayudas, de justicia, de planes de recuperación, de evaluación del impacto ambiental, de repoblación y de regeneración de los montes ahora destruidos.

Y me pregunto: ¿acaso no estaban los montes ya destruidos antes de los incendios?

La atolondrada introducción de especies exóticas

No es necesario salir de Galicia para ver ejemplos sangrantes de cómo la introducción de especies exóticas con fines de recuperación ambiental, y sobre todo de lucro, han derivado en un daño ecológico colosal. El cangrejo de río americano, el black-bass, el sargazo japonés, insectos, parásitos, la plaga de acacias o mimosas, y un largo etcétera, para finalizar, como no, en el verdadero diablo de Tasmania: el eucalipto.

Este árbol atrajo mucho mi curiosidad. Estoy leyendo cosas realmente sorprendentes y que algún día intentaré comentar. A modo de ejemplo, seguro que conoceis la facilidad que tiene el eucalipto para eliminar competidores y convertirse en la especie dominante, pero es probable que muchos no supierais -yo tampoco lo sabía-, que ha evolucionado de modo que sus hojas contienen un aceite inflamable, potenciador de los incendios, precisamente como una herramienta más para erradicar posibles competidores, al ser éste más resistente. Otro día hablaremos de ello.

Planes de recuperación con sentido común

Vaya por delante que soy un desconocedor absoluto de temas forestales, y por ello no seré yo quién diga cómo hay que hacer las cosas. Expertos habrá que sepan como reconducir esta situación. Pero echando la vista atrás, también veo -leo- que de nuevo la historia forestal está plagada de errores: repoblaciones tan salvajes como las talas y, a menudo, de consecuencias peores que muchos incendios. Y a modo de ejemplo volvemos con el eucalipto. Originario de Australia, entró en Galicia vía Portugal a mediados del XIX, pero su expansión tuvo lugar un siglo después, dentro de planes de reforestación tan ambiciosos como nefastos. Destruyó el bosque autóctono en su práctica totalidad, para beneficio único de los propietarios de los montes y, sobre todo, de la industria maderera.

Pero tampoco sería ético diseñar para Galicia un jardín precioso de bosque autóctono, mientras nos dedicamos a importar la madera que necesitamos del Amazonas, pulmón del planeta y objeto de un expolio salvaje que a pocos parece preocupar. Ambas estrategias -lo autóctono y la industria de la madera- han de ser compatibles, aunque no estaría de más un apoyo formativo (y con rigor científico, no la propaganda de reciclaje con fines políticos a la que nos tienen acostumbrados) para reducir en lo posible nuestra dependencia de los bosques.