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La Coctelera

"Un mar de historias"

[ Historias del mar y puntos de vista propios ]

15 Diciembre 2005

Se ofrecen “expertos en todo”

Estaba haciendo un poco de espacio en el disco duro cuando encontré algunas colaboraciones que hice con medios de comunicación. Me llamó la atención una de ellas, al traerme a la memoria lo incómodo que me sentí aquel día, hablando en calidad de experto de un tema del que desconozco mucho más de lo que sé. Y así surgió la idea de tratar el tema de los florecientes “expertos en todo”.

Los "expertos en todo" están por todos lados y son fáciles de hallar. No sólo no se esconden, sino que, a menudo, sus ansias desmedidas de lucimiento hacen que evitar su encuentro sea poco menos que misión imposible. Ya sea al poco rato de sintonizar un programa generalista, o bien al pasar la página en la prensa diaria… ahí están, no falla. Desde sus púlpitos unidireccionales, interactivos sólo con el conductor del programa, no vacilan en predicar o sentar jurisprudencia escrita sobre lo que sea menester. Así, por muy grande que sea la burrada que se diga, nadie lo replica. Y lo que es peor: la mayor parte de los receptores, ya sean oyentes o lectores, están absolutamente convencidos de que quién habla o escribe es un experto, por lo que ni siquiera ponen en duda la veracidad de lo que dice.

Afortunadamente, no todo es harina del mismo costal. A veces -las menos- el tertuliano o escritor es un experto real en lo que dice ser. Esta circunstancia se cumple cuando se trata de alguien que ha dedicado muchos años de su vida al estudio de algún campo concreto de la cultura, ya sea historia, literatura, música, ciencia, tecnología... O cuando quién habla es poseedor de una larga experiencia a pie de campo, lo que le autoriza y le permite enriquecer la disertación con vivencias propias. También a menudo resulta atractivo el enfoque personal que el autor da al tratamiento de temas de interés general, pues siempre aporta algo, con mayor o menor fortuna. Dentro de este grupo están, como no, los blogs, que incluyen la ventaja -que no es poca- de que se puede insertar un comentario de modo inmediato, ya sea para añadir unas observaciones, dar estopa al autor, o felicitarlo.

En otras ocasiones, el emisor del mensaje no es un experto sensu strictu en el tema que aborda, pero a través de un concienzudo trabajo documental y una esmerada redacción, produce un texto de lectura muy agradable. En este caso, su presencia en los medios de comunicación está más que justificada, dado el carácter ameno que imprime a materias que, de otro modo, suelen ser de lenta y correosa digestión.

A modo de ejemplo, es muy posible que a mí me interese lo que cuente una persona que ha visitado un buen número de museos de historia natural del mundo; lo que escriba alguien que se ha empapado en las obras de ictiología de la alta Edad Media; lo que narre el cámara que acompañó a finales de los 70 a Rodríguez de la Fuente; o lo que se publique sobre materias de mi interés, siempre y cuando se halle respaldado por un trabajo de documentación serio, seguido de una narración bien estructurada y sugestiva.

Lo que no me interesa nada es que alguien me suelte el rollo tal cual lo copió y memorizó de alguna web de otro autor o publicación, sin aportar ni la más mínima observación personal, al carecer de conocimientos reales de lo que cuenta, y con el agravante de que intente venderlo como de cosecha propia. O bien dejar caer, subliminal o expresamente, que es fruto de sus extensas lecturas y experiencias.

En otras palabras: hacerlo bien exige esfuerzo y, hoy en día, hay formas mucho más sencillas de ocupar esos espacios sin tener que estudiar, documentarse, o vivir la experiencia. Para convertirse en un experto en todo basta con disponer de un ordenador con acceso a internet, cierta pericia en los buscadores -lo que por otra parte se adquiere con la práctica- y bastante caradura. Claro que, a la postre, estos usurpadores sólo son expertos en decir que lo son.

Por último, conviene aclarar que lo dicho nada tiene que ver con las infinitas posibilidades que nos ofrece internet. No en vano la red ha supuesto un duro golpe para los eruditos-preinternet, privilegiados que gozaban del exclusivo acceso a las costosas fuentes de información (libros, revistas, enciclopedias,....), al democratizar notablemente el acceso a la información. En todo caso, lo que no es de recibo es querer engañar a todo el mundo dando charlas de lo que se tercie, mientras se guarda discretamente en el bolsillo un copia impresa del tema del día, recién obtenido de Google.

Ya lo decía (o eso dicen), Abraham Lincoln:
Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo.

P.D. .- Acerca de los eruditos google, os recomiendo leer esto. No lo malinterpreteis: no va contra internet, sino que ataca a quién usa el conocimiento y esfuerzo de otros, vendiéndolo como propio.

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