A los hombros de gigantes: B/O "Emma Bardán"

Siempre es una satisfacción leer noticias referentes a la mejora de la dotación de medios para la investigación oceanográfica. Con ello, el trabajo diario del excelente plantel de científicos marinos españoles se verá más apoyado y, en consecuencia, podrán producir más estudios de alta calidad, como ya hacían (aunque a menudo haciendo malabarismos con los medios materiales).
La noticia en cuestión es que, hace unos días, tuvo lugar la botadura de un nuevo buque oceanográfico, propiedad del gobierno español (de los españoles, vaya). Pero el leiv motiv de este comentario no es el relato de esta noticia, que podeis hallar en cualquier medio de comunicación, ni tampoco hablar de las características técnicas de este buque o de cualquier otro. Hablaremos, tan "sólo", de su nombre.
Todos sabemos que los avances de la ciencia están sustentados, de un modo u otro, en los trabajos de científicos que nos precedieron. Por ello, es de obligada cortesía -y ética- citar a los autores utilizados para la elaboración de nuevos estudios en los apartados de bibliografía y referencias de nuestras publicaciones. Pero a veces eso no basta. Creo que debemos aprovechar cuanta oportunidad de ensalzar y divulgar sus trabajos se nos presente, y una buena forma de demostrar nuestro reconocimiento a la labor de las decenas de insignes científicos que en el mundo ha habido es el designar con su nombre las infraestructuras de investigación o divulgación que se creen.
Felizmente, ahora esto ha sido así. Al nuevo buque le han llamado "Emma Bardán", en homenaje a una bióloga que fue una de las primeras oceanógrafas españolas, como podeis leer el la web del IEO, junto a, entre otras, la gallega Angeles Alvariño, de prestigio mundial.
Pero esta forma de pagar parte de nuestra deuda con estas personas no siempre se cumple. Sin ir más lejos, hace unos pocos años, en el 2000, se botó el todavía buque insignia de investigación española, llamado -por su bravura, supongo, como vereis-, “Vizconde de Eza”.
¿Y quién era este personaje de sangre azul como los pulpos? Pues no más que un señor cuyos portentosos méritos de investigación marina consistían en que, en sus conversaciones privadas -e incluso a veces en sus discursos públicos-, citaba el mar. Eso es todo. Luis Marichalar, que así se llamaba de pila, hizo carrera como político conservador, siendo Ministro de Guerra por dos veces y de Fomento durante el reinado de Alfonso XIII. Nació en Madrid pero vivió en Soria, desde donde fue elegido Diputado en Cortes.
En su momento, numerosos científicos del IEO manifestaron su disconformidad sobre la decisión de llamarle así, claro está, siempre dentro de la limitada capacidad de maniobra que permite contrariar al jefe, el entonces Ministro de Pesca. ¿Quién era? ¿Cómo que quén era? Aquel que se parecía al coruñés Romay -al que jugaba al baloncesto no al otro (hay otro)- , y que, como el Vizconde, hizo vida en Soria.
Los investigadores propusieron que el buque se denominara Luis Lozano, en memoria del ictiólogo Don Luis Lozano Rey. La propuesta cayó en saco roto. Quizás no les gustaba ese nombre, pero había muchas más opciones. Se me ocurre que también se podría haber denominado, sin ir más lejos, "López Seoane”, en honor del eminente naturalista ferrolano Víctor López Seoane (1832-1890), cuyo prestigio le llevó nada menos que a ser llamado por Humboldt como colaborador y mantuvo correspondencia epistolar con destacados científicos como Haeckel, Steindachner o el mismísimo Darwin. O también, ¿porque no? Domingo Quiroga en memoria del coruñés D. Domingo Quiroga Ríos, experto pesquero, y acérrimo defensor de una pesca responsable y de la protección del medioambiente marino, en unos tiempos en los que todo el mundo no pensaba más que en pescar cuanto más y más rápido, mejor.
Hay muchos más investigadores nominables y cualquier de ellos hubiera sido válido: Licenciado Molina (S. XVI), que describió la pesca de su época, Sañez de Reguart (S. XVIII), en memoria del autor del impresionante Diccionario de Artes de Pesca de España, el vigués Valentín Paz Andrade, y un largo etc... pero eso de “Vizconde de Eza”, con todos mis respetos, no sólo fue una oportunidad perdida para reconocer el trabajo de toda una vida de un investigador, sino que constituye además un agravio para toda la comunidad científica. Y para mí.
Ahora, aprovechando la coyuntura con el flamante "Emma Bardán", conviene recordarlo.
P.D.- No me olvido de José Cornide Folgueira (de Saavedra). Su nombre figura desde hace muchos años en las estampas de proa del buque más famoso del IEO (y sigue siendo el más grande, en muchos sentidos).

> Las fotos son de la web del IEO.


Santiago dijo
Totalmente de acuerdo, pero falta algo más explicativo sobre las razones de haber llamadao Vizconde de Eza a ese buque. Imagino que habrá habido algo más... no?.
Gracias.
6 Febrero 2006 | 08:54 AM