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La Coctelera

"Un mar de historias"

[ Historias del mar y puntos de vista propios ]

22 Julio 2005

Hoy tenemos calamares de la ría en su tinta

Por fin llegaron a Galicia los calores estivales, y con ellos, la época de pesca del calamar, al que los pescadores locales llaman, muy acertadamente, el pez* veraneante, pues para su captura es preferible buen tiempo y mar calma. (* Si, he dicho pez y no es una errata, ya que aquí, en la jerga marinera, se le llama peixe y no molusco o cefalópodo).

Así pues, en el menú de hoy tenemos calamares en su tinta. Como veis, vamos mejorando respecto a hace unos días, y dejamos lo del tiburón podrido para los valientes nórdicos...

El mejor momento para la pesca del calamar es al romper el día -como en la foto- o al caer la noche, y para este fin se utiliza la potera, aparejo tradicional que consiste en un reclamo del tamaño de un dedo con una corona de anzuelos en su parte inferior, que se larga hasta el fondo, y luego se levanta un par de cuartas. Después, damos tirones del sedal cada pocos segundos… y a esperar, con mucha paciencia.

Las más de las veces pueden pasar varias horas sin picada, especialmente si no hemos tenido en cuenta el cambio de las corrientes de marea. Pero, en ocasiones -cuando la jornada parece haber fracasado irremisiblemente- notamos que la tanza pesa mucho más de lo normal, como si se hubiese enganchado en el fondo, y la recogemos sin prisa pero sin pausa. Viene un calamar, y luego otro, y otro… En un instante pasamos del sopor a la euforia, sobre todo cuando asistimos a un remotón, el nirvana del aficionado a esta pesca: sin que se sepa bien el motivo, los calamares se vuelven locos por comerse unos señuelos que, hasta entonces, llevaban varias horas en el fondo ignorados por completo.

Más temprano que tarde paran de picar, y poco a poco vuelve la calma. Es el momento de contarlos, y de celebralo, como veis en la foto de arriba, la mano de mi hija Laura, que con cinco añitos ya curioseaba como esos animalitos cambian de color. Pero entonces nos damos cuenta de que nuestras ropas están manchadas con una especie de baba negra. ¿Qué es y para qué sirve ese oscuro líquido viscoso?

La tinta de los cefalópodos

Está compuesta principalmente por melanina, pigmento que le da el color negruzco, y mucus, al que debe su textura glutinosa. La almacenan cerca del recto, en una bolsa que comprende la glándula que la produce, el reservorio y un esfínter. Su función principal es la defensa, aunque la usan para más cosas.

Los cefalópodos son depredadores voraces muy bien preparados para el ataque, si bien ellos mismos forman parte de la dieta de muchas especies de mamíferos marinos, aves y peces. Para defenderse, no quieren saber nada de aquello de que “la mejor defensa es un buen ataque”. Siempre intentan evitar el encuentro, recurriendo a sus extraordinarias dotes de camuflaje.

Mientras el depredador merodea por las proximidades, el cefalópodos lo somete a una vigilancia intensiva y, en función del comportamiento de éste, adoptan las decisiones apropiadas, ya sea permanecer ocultos o activar el múltiple arsenal defensivo secundario.

Cuando se sienten descubiertos lo más habitual es que intenten huir gracias a la “propulsión a chorro”. Mediante contracciones rápidas e intensas del manto provocan la salida de agua a través del sifón y, por el principio de acción-reacción, el animal se desplaza en sentido contrario. Otros prefieren insistir en el camuflaje, “encender” las luces, alterar el color, la textura de la piel… Existe tal cantidad de respuestas impredecibles que a su conjunto se le denomina “comportamiento proteano ”, tomando este nombre del mítico Proteus que frustraba a sus captores gracias a su permanente cambio de forma. Es en estas delicadas situaciones cuando la tinta resulta ser un excelente “plan B” de supervivencia.

Prácticamente todos los cefalópodos actuales -coleoideos- tiene la capacidad de expulsar tinta, si bien algunos la han perdido. Los nautilus actuales no poseen bolsa de tinta, aunque los registros fósiles indican que sus ancestros sí la poseían. La causa de esta pérdida se imputa a la fase de la evolución en la que se vieron obligados a desplazarse a aguas profundas, donde no era necesaria .

Descargar la tinta requiere técnica, y se han descrito dos maneras distintas de usarla. La más elaborada es la creación de “pseudoformas”: expulsan bolas de tinta con mucho mucus, compactas y de tamaño similar a su creador. Al quedar suspendidas en el agua confunden al atacante mientras la potencial presa huye. Esta estrategia es bastante común en calamares y sepias juveniles.

El otro método se basa en la expulsión masiva de tinta sin apenas mucus, que al mezclarse con el agua produce una gran “cortina de humo” tras la cual desaparece de la vista de su perseguidor. Es el preferido por pulpos y sepias adultas.

Cuando deciden recurrir a la tinta, lo primero que hacen es vaciar parte de la bolsa en el intestino, cerca del ano. Éste posee unas pequeñas aletas que servirán de guía para su expulsión. Por un mecanismo nervioso, la salida de tinta se coordina con una brusca contracción del manto, lanzando un chorro de agua que ayuda a dispersar la gran nube negruzca, aumentando la pantalla visual, y de esta forma su eficacia.
Uno de los componentes de la tinta, la tirosinasa, puede irritar los ojos, y provocar el bloqueo del olfato y el gusto en depredadores como las morenas. Se ha observado que los peces afectados agitan la cabeza bruscamente, como queriendo librarse de la desagradable secreción. Se cree que sus efectos no sólo actúan sobre el atacante sino que hace las veces de alarma olfativa poniendo sobre aviso a sus congéneres. Sin embargo, aunque existen ciertas evidencias bioquímicas de esta capacidad irritante, todavía no ha podido ser verificada con rigor.
El color de la tinta también es variable, sobre todo en función del hábitat en que vive el animal. Cuanto más negra es, más melanina posee, y sintetizarla supone un notable coste energético. En las zonas costeras bien iluminadas es importante que la tinta sea muy oscura, lo que implica un aumento en la producción de melanina con el consiguiente gasto de energía. Esto no representa un problema al tratarse de ambientes en los que se dispone de alimento en abundancia para recuperar fuerzas. La situación cambia a peor al adentrarse en aguas profundas, donde la comida escasea cada vez más, complicando la necesaria reposición de energía.
Afortunadamente para los cefalópodos, en estas situaciones la física les va echar una mano. Los colores que componen la luz solar no penetran por igual en el medio marino, sino que son absorbidos de forma diferente al alejarse de la superficie. Tan sólo a pocos metros el rojo ya se ve negro. Luego, ¿para qué desperdiciar energía produciendo tinta negra, si con menos melanina se obtiene igual resultado? Este es el motivo por el que cuanto más profundo es el hábitat, más rojiza es la tinta, sin que ello merme en absoluto la eficacia de la defensa.
Al seguir descendiendo llega una cota en la que hay poca o ninguna luz. Aquí ya poco importa el color de la tinta pues el depredador no la verá. La mayoría de los cefalópodos que habitan en estos inhóspitos parajes han perdido la capacidad de producir tinta. Para que se viera, tendría que ser luminiscente, y esa es la solución que han adoptado algunos calamares como Heteroteuthis dispar .
Aunque está demostrado que la función principal de la tinta es su uso como arma defensiva, tiene otras utilidades. Las sepias ponen huevos del tamaño de una uva, fijándolos al talo de algas o gorgonias, formando un apetitoso racimo para cualquier animal que se tope con ellos. Para hacer más difícil su descubrimiento introducen tinta en la cubierta de los huevos, dándoles un color negro intenso que facilita su camuflaje. Los investigadores han observado inesperadas expulsiones de tinta en ausencia de depredadores, que incitan a pensar en la posibilidad de que también funcione como código de señales para comunicar estados de ánimo o de carácter sexual. Sorprende que, partiendo de algo tan sencillo de interpretar “a priori” como es la tinta, a poco que se profundice en el tema podemos ver lo mucho que queda por aprender. Como en todo.

Que no quede en el tintero…

¿Tiene algo que ver esta tinta con la que usamos al escribir?

En principio no. Decimos “en principio”, porque la verdad es que en algunos casos sí.
La tinta de escribir fue inventada simultáneamente en China y Egipto, alrededor del 2500 a.C, hecha con una base de hollín. A partir de la Edad Media ya estaba compuesta de goma arábiga, sulfato de cobre, taninos y agua. Hoy en día, se usan tintes sintéticos, combinando ácido tánico, clorhídrico diluido, sales de hierro y fenol. Suele incluir un agente secante, un adherente y un potenciador de color.
Pero hay una tinta que sí está relacionada con los cefalópodos, la tinta “sepia”, de tono rojizo-marrón que, una vez preparada, es usada por dibujantes y pintores artísticos. La extraen de las bolsas de tinta de la Sepia officinalis. Se comenzó a utilizar en el siglo XVIII, y tuvo una amplia aceptación durante el siglo XIX.
Hoy en día sigue existiendo en el mercado auténtica tinta de sepia, aunque su uso se reduce a artistas especializados. El término “sepia” se sigue aplicando para definir el color rojo-marrón, por su similitud con la tinta de este cefalópodo.

Sabías que…

… el propio nombre del calamar tiene su origen en la palabra calamus: caña o pluma para escribir. En el latín vulgar el tintero se llamaba calamarius, que contenía la tincta, femenino de tinctus, tinto, aludiendo al color del líquido usado para escribir. De ese calamarius viene el nombre de calamar, debido a la bolsa de tinta que tiene este cefalópodo.


Este post está basado en un artículo que redacté en junio de 2004 como texto de apoyo a la exposición "Con pies y cabeza" del Aquarium Finisterrae, Museos Científicos Coruñeses, La Coruña, España. En este enlace podeis encontrar todos: Historia Natural de los Cefalópodos.

servido por artedi 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Luis

Luis dijo

Hay un detalle que no entendí.Cuando aumentas la profundidad pierdes el rojo,correcto;pero los peixes : ¿ porqué lo ven negro?

Creo que los peixes tienen 4 bases de color (R+V+A+UV) y una diferenciación clara en posición de conos y bastones(cerca o lejos) según la iluminación del ambiente que les permitirá un lento cambio de adaptación.

¿Porqué el rojo,desde esa perspectiva de 4 bases y distinto nº de sensores según la luz ambiente,se verá negro? ¿Y como se ve el negro desde el mismo punto anterior?
Todo esto si es capaz de enfocar dentro su profundidad de campo

Saludos
(solo son dudas que no comprendo)

22 Diciembre 2005 | 10:54 PM

manuel

manuel dijo

mmmmmmmmmmmmmmmm de viciooooooooo

22 Diciembre 2005 | 11:03 PM

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