
Los que tienen hijos pequeños conocen bien su capacidad para ver la misma película dos mil veces. Pues bien, por "recomendación" de mi hija, estaba viendo por ciento-treinta-y-dos-ava vez "Buscando a Nemo" cuando recordé que había leído algo acerca del cambio de sexo de los peces de la familia Pomacentridae: la de los "nemos", y decidí revisarlo, si bien antes de entrar en materia debo advertiros que mi conocimiento sobre los arrecifes de coral es muy limitado.
Después de echar un vistazo a varios libros, hallé lo que sospechaba en el "Ichthyology" de Moyle: en el mundo real, los hechos posteriores a la muerte de la mamá de Nemo serían sorprendentemente distintos.
Para que no digais que no hay originalidad, empezaremos por el principio:
Sinopsis: Una pareja de peces payaso, Marlín y Coral, se mudan a una nueva anémona, en zona residencial y con unas vistas preciosas desde el borde del arrecife. Están a punto de tener varios centenares de hijos y todo marcha viento en popa. Pero ése mismo día -incluso antes de que aparezca el título de la película- entra en escena una barracuda con ganas de picar algo, que se come a Coral y todo el caviar de payasitos, menos un huevito, del que nacerá Nemo. El afligido papi, Marlín, se hace cargo de su cuidado, hasta que capturan a Nemo unos buceadores acuariófilos, y luego sigue la película, aspecto que -en esta ocasión- ya no nos interesa.
Rebobinemos, y vamos ya con la biología: En 1977, Fricke publica en Nature (266:830-832) el artículo “Monogamia y cambio de sexo por dominancia agresiva en los peces de arrecife de coral”, en el cual, en resumidas cuentas, dice que a menudo el sexo de los peces hermafroditas viene determinado por aspectos sociales y del medio externo. Los peces payaso, y muchos otros de la familia de los pomatocéntridos, viven en anémonas a razón de una por cada pareja. Son monógamos... o eso dicen los científicos. Pero, si la hembra se muere -que es exactamente lo que ocurre en la película-, rápidamente aparece otro joven pez, de menor tamaño que el macho superviviente, a ocupar su puesto. Pero hay un problemilla: el jovencito recién llegado siempre es macho.
Pero antes de que las malas lenguas comiencen a sembrar calumnias del tipo “Quién lo iba decir de Marlín” o "Yo siempre lo supuse...", en la vida real, el papá de Nemo daría un paso sorprendente y radical: cambiaría de sexo. De este modo, se mantienen las ventajas reproductivas ya que los peces más grandes ponen más huevos, lo que no sucedería incorporando una pequeña hembra joven.
Por tanto, si adaptásemos el guión a la realidad biológica (en este aspecto), tras la muerte de la mamá, en la anémona del pez viudo aparecería un pimpollo payasito largando “vengo por lo de la plaza”.
“Ah, sí, pasa”, respondería Marlín, ops!, perdón: Marlina.


Mira vos, quien se hubiese enterado de ello... no vuelvo a ver una pelicula asi
Bueno, además te habrás fijado que, en el mundo real, los peces no hablan... cuantos fallos, eh! :)
Gracias por seguirme, Lightme